sábado, 23 de mayo de 2015

CUIDADOS DEL ALMA

El cuidado del alma no es un método para resolver problemas; su objetivo no es una vida libre de problemas si no una vida con la profundidad y el valor que provienen de la plenitud de vivir. Tiene que ver con el cultivo de una vida abundantemente expresiva y llena de sentido, con ocuparnos de lo que nos rodea y darnos cuenta de la importancia del hogar, de la ropa que usamos, de la elección de los colores y de los lugares por donde caminamos y aquella música que escuchamos; Todas esas decisiones muy concretas de la vida cotidiana día a día apoyan o perturban el alma.

En el cuidado del alma no ponemos nuestra vida en manos de nadie para que la resuelva. Este cuidado nos exige imaginación; tenemos tanto la tarea como el placer de organizar nuestra vida. Cuidado del alma es atención a o que hacemos, decimos y pensamos, es dedicación, administración de nuestra vida, disfrute de las cosas simples.

No consiste el cultivo del alma en resolver el enigma de la vida; por el contrario es la apreciación de los paradójicos misterios  que cambian la luz y la oscuridad en la grandeza de lo que puede ser llegar a ser la vida.


Es que el alma no es una sustancia sino una cualidad, una manera de abordar la vida; tiene que ver con la capacidad de relacionarse, con la observancia. Cuando la escuchamos empezamos a descubrir los mensajes que se ocultan en la crisis, en el caos, en la enfermedad y en los cambios que exigen necesariamente la depresión y la angustia. Cuidar  el alma es aprender a saborear lo que tenemos, incluso lo malo. “El cuidado del alma jamás termina” (Thomas Moore, El cuidado del alma. Barcelona, Ediciones Urano, 1998

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